
La constancia comienza a dar sus frutos y por fin parece que las capturas empiezan a llegar a bordo. A pesar de la falta de aparejos en condiciones y apañando lo ya utilizado en la pesca desde la costa hoy se ha conseguido un puñado de
verdeles. En total nueve escómbridos (uno que tiene estudios) y a buen seguro en el futuro serán muchos más. Ya comenzamos a interpretar las manchas de la sonda y los señuelos comienzan a trabajar en la profundidad correcta.
Durante este día apenas si han salido un par de embarcaciones más debido al molesto y continuo viento del nordeste, lo habitual en verano pero esta vez con algo más de intensidad. En esta ocasión salimos a la mar a la tarde, desde las seis hasta las diez, con una potente pleamar y tiempo soleado.
La pesca de verdel con
caña de spinning (como ha sido el caso) no deja de ser divertida. Es curioso como el pez realiza un fuerte picado cuando están a punto de ser izado y en cambio durante el resto del tiempo de recogida apenás si ofrece resistencia. En esta ocasión se han pescado caceando usando cañas de lance ligero y pita aproximada del 0,35 pero habrá que probar directamente con una ristra de señuelos (las clásicas plumas para txitxarros por ejemplo o alguna otra variante algo más elaborada) mediante
jigging.
A pesar de lo anterior se echa en falta la pesca de
txitxarros de un tamaño aceptable en la cacea mientras que el verdel parece entrar con relativa facilidad. Misterios del océano.

Jornada de pesca que no pasará a la posteridad ni aparecerá en ningún episodio de "Jarra y Pedal" ni en el canal temático "Escopeteros y dinamiteros".
Apacible jornada dominical en la que la pesca brilló por su ausencia. Buena mar, muchas embarcaciones aprovechando el buen tiempo y poca o ninguna captura (mal de muchos, consuelo de tontos).
Todo se redujo a un tranquilo paseo de señuelos que llegó incluso hasta las cercanías del Benidorm de Euskadi (el municipio contigüo) en busca de algo que rascar. Ni una picada, ni una triste mancha en la sonda. Para rematar la jornada apareció el molesto nordeste, poco clemente con estomagos delicados. Pero como siempre la afición puede con esto y con mucho más.
Llegarán tiempos mejores, esperemos. Pero la culpa es siempre de los vecinos, de eso no cabe duda. Ez ez ez, bolantarik ez... !!!
Ahí quedan algunas fotos de la costa, por poner algo.

Bienvenidos tod@s al maravilloso mundo de la
pesca sin muerte desde embarcación, sin muerte cuando no pillamos nada, lo cual no parece ser poco frecuente. Esta primera jornada relata la agitada travesía de la penúltima adquisición en material deportivo-pesquero de
Juanjo, habilidoso en el noble arte de empalmar cables y solventar apagones, acompañado (y no sin cierto temor) por el aquí les escribe, desde
Bermeo hasta el pueblo con un puerto sin igual, conocido como
Armintza.
Amaneció la jornada soleada, presión barométrica más que aceptable, suponiendo que la supieramos, y viento flojo de algún sitio. Nada hacia presagiar que poco después de llegar a Armintza caerían rayos y centellas (nos libramos por los pelos pero nos libramos).
Tras la oportuna botadura de la criatura y algunas pruebas en el puerto de Bermeo pusimos rumbo a la capital económica, que no administrativa, de
Lemoiz. Tras un pequeño susto (poca cosa, sólo se nos paró el motor debido al poco rodaje del fueraborda) y doblar
Matxitxako el cielo comenzó a ponerse más bien negro y comenzó a soplar un molesto viento del Noroeste que nos hizo frenar la marcha. Tras dar unos cuantos tumbos y justo antes de que comenzase a llover y a caer relampágos arribamos a Armintza. Prueba superada: el bote flota y tanto el
GPS como las
pastillas contra el mareo (versión cafeina) que toma
Txispas funcionan a las mil maravillas.
En este primer viaje contamos con la inestimable colaboración de
Zigor con su apoyo de tierra. Tranquilo,
Sainz no hubiera perdido, es que ni hubiera llegado.
A partir de ahora seguro que nos esperan maravillosas jornadas de pesca en las que deberemos regresar a puerto por exceso de cupo de capturas (antes nos toca la primitiva)
Por cierto y para acabar, un nueve para el propietario y patrón del
Brown. Hubiera consiguido el diez si no hubiera desantendido los sabios consejos y propuestas de sus amigos para nombrar a la embarcación. Queda patente que el
bautizo y botadura han quedado empañados por este hecho y por la circunstancia...