
Bienvenidos tod@s al maravilloso mundo de la
pesca sin muerte desde embarcación, sin muerte cuando no pillamos nada, lo cual no parece ser poco frecuente. Esta primera jornada relata la agitada travesía de la penúltima adquisición en material deportivo-pesquero de
Juanjo, habilidoso en el noble arte de empalmar cables y solventar apagones, acompañado (y no sin cierto temor) por el aquí les escribe, desde
Bermeo hasta el pueblo con un puerto sin igual, conocido como
Armintza.
Amaneció la jornada soleada, presión barométrica más que aceptable, suponiendo que la supieramos, y viento flojo de algún sitio. Nada hacia presagiar que poco después de llegar a Armintza caerían rayos y centellas (nos libramos por los pelos pero nos libramos).
Tras la oportuna botadura de la criatura y algunas pruebas en el puerto de Bermeo pusimos rumbo a la capital económica, que no administrativa, de
Lemoiz. Tras un pequeño susto (poca cosa, sólo se nos paró el motor debido al poco rodaje del fueraborda) y doblar
Matxitxako el cielo comenzó a ponerse más bien negro y comenzó a soplar un molesto viento del Noroeste que nos hizo frenar la marcha. Tras dar unos cuantos tumbos y justo antes de que comenzase a llover y a caer relampágos arribamos a Armintza. Prueba superada: el bote flota y tanto el
GPS como las
pastillas contra el mareo (versión cafeina) que toma
Txispas funcionan a las mil maravillas.
En este primer viaje contamos con la inestimable colaboración de
Zigor con su apoyo de tierra. Tranquilo,
Sainz no hubiera perdido, es que ni hubiera llegado.
A partir de ahora seguro que nos esperan maravillosas jornadas de pesca en las que deberemos regresar a puerto por exceso de cupo de capturas (antes nos toca la primitiva)
Por cierto y para acabar, un nueve para el propietario y patrón del
Brown. Hubiera consiguido el diez si no hubiera desantendido los sabios consejos y propuestas de sus amigos para nombrar a la embarcación. Queda patente que el
bautizo y botadura han quedado empañados por este hecho y por la circunstancia...